sábado, 25 de mayo de 2013

Capítulo 34.

Después de cenar, tanto Nora como todos sus amigos se dirigen a sus casetas para descansar. Quedan sólo seis días de campamento, y Nora ha conseguido tener las cosas claras, como Víctor. Pero todavía hay dos chicos en el campamento con pensamientos rondando por sus cabezas. Adrián, uno de ellos, está sentado en un banco más alejado de las casetas pensando en su ex novia. Hace poco dijo que no le importaba, intentó mentirse a sí mismo pensando que tenía a muchas otras chicas esperándole, y que iba a disfrutar el verano, pero tras varios tonteos con otras se da cuenta de que no es así. Piensa en la posibilidad de arreglar las cosas con Nuria, al llegar a casa, pero luego se imagina un beso con sabor a otro chico. '¿Sería capaz de tocarla, sabiendo que otro lo ha estado haciendo por mí?' Susurra para sí mismo. Cierra los ojos con fuerza y una lágrima se asoma por uno de ellos. Aprieta con fuerza los puños y seguidamente se seca las mejillas con su mano izquierda. Se levanta y decide no dormir en la caseta hoy, camina hacia la playa y se sienta en la orilla donde las pequeñas olas pueden mojar sus pies. Intenta no llorar, pero es imposible. Se quita la camiseta, los pantalones, y comienza a nadar hasta llegar al islote. 

Héctor, en cambio, ahoga sus penas en su almohada de manera silenciosa para que su compañero no se de cuenta. Coge una de las dos llaves, unas zapatillas, y sale a dar una vuelta por el campamento. De pronto ve a Nora salir de su caseta y decide seguirla. 

Avanza unos cuantos pasos y se da cuenta de que alguien le está siguiendo, tras girar en una esquina ve de reojo que es Héctor quien sigue sus pasos. Camina cada vez más rápido y opta por adentrarse en el bosque.

Héctor, casi corriendo, no aparta su vista de la chica creyendo que no ha sido visto todavía. Se adentra dubitativo entre los inmensos pinos y de pronto pierde a la chica de vista. 

Nora, tras un enorme tronco, observa cómo Héctor la busca con la mirada desesperadamente.  El chico se sienta en el césped y agacha la cabeza, Nora escucha sus sollozos a pocos metros de él. Se acerca sigilosamente por detrás, y lo abraza.

- ¿Estás bien? - Susurra. Héctor, sorprendido, seca sus lágrimas con rapidez y la observa.
- Sí.
- ¿Por qué me seguías? - Pregunta.
- Esto... - tartamudea - No lo sé. - Traga saliva y mira hacia arriba para evitar llorar. - Lo siento.  - Nora le mira fijamente, y Héctor se pierde en sus ojos. - ¿Puedo abrazarte?

Los dos jóvenes se abrazan y todas las penas desaparecen.

- Va, vamos a descansar, que como nos pillen por aquí mañana limpiaremos el comedor, y no me hace ilusión.
- Vale. Por cierto, Nora, me alegro. - La chica le mira extrañada. - Por Víctor y tú, digo, se os ve bien, y os quiero muchísimo, me alegro de que estéis bien. 
- Sé que te gustaría que las cosas fueran de otra forma, Héctor, pero no todo sale como uno quiere. - Lo sujeta de la mano. - A pesar de todo, si alguna vez necesitas desahogarte, o necesitas ayuda con algo, no te olvides de que aunque esté con Víctor, tendré siempre un hueco para ti. 
- Gracias.

Llegan a sus casetas y cada uno se acuesta en su cama. Nora se sorprende al ver la cama de su hermano todavía vacía, coge el teléfono y lo llama.

Suena American Idiot en la orilla de la playa, y los bolsillos de los pantalones abandonados de Adrián vibran. Mientras tanto, él camina rodeando el islote y abrigándose con los brazos. 


Amanece y Nora, al abrir los ojos, intenta ver si su hermano está en la cama. Al no verlo, ignora la ducha, se viste lo más rápido que puede y corre hasta la caseta de Víctor. 

- ¡Dios, qué manera de despertarme! - Dice molesto al abrir la puerta.
- Víctor, mi hermano no ha dormido hoy conmigo. - La cara de su chico cambia por completo. - No lo has visto, ¿verdad?
- No, me visto y te ayudo a buscarlo. 
- Da igual. - Corre.

Toca la puerta de la caseta de Héctor.

- ¿Qué pasa, que tocas tan bruscamente? 
- ¿Has visto a mi hermano?
- No.
- Joder. - Empieza a correr hacia la casa de Rosa, pero al comprobar que está vacía se dirige al comedor.

Visualiza a sus amigos sentados en una mesa y corre hacia ellos. 

- Chicos, ¿sabéis algo de Adri?
- Desde ayer no. - Le miran preocupados. - ¿Pasa algo?
- No ha dormido hoy en la caseta, y no es normal en él hacer estas cosas.

Sus amigos se levantan y corren hacia la playa. Allí se encuentra Fer, uno de los monitores, cotilleando los bolsillos de un viejo pantalón lleno de arena.

- ¡Esos pantalones son de mi hermano! - Grita Nora, y al acercarse se los arranca bruscamente de las manos. - Y allí está su camiseta.
-  Estará en el islote.
- Chicos, ¿qué está pasando? - Pregunta el monitor. - ¿De quién es todo esto y qué hace aquí?
- De su hermano, y el qué hace aquí estamos por averiguarlo. - Aporta uno de los amigos de Adri.
- Fer, ¿podemos coger unas canoas? Llegaremos antes. - Mira a su monitor con cara de pena, suplicando. - Por favor.
- Vale, pero yo no sé nada de esto. - Sonríe. - Y me mantienes informado. 
- Eres el mejor, gracias.

Nora y los cuatro amigos de su hermano se dirigen al baúl de los remos, y después, tras coger cada uno su canoa, se adentran en el mar de camino al islote.

martes, 21 de mayo de 2013

Capítulo 33.

El director comunica a los monitores que el autobús del grupo de rock está listo para regresar a Bilbao, y todo el campamento va a despedirse de ellos. Su manager, se dirige al director y le entrega un papel con su número de teléfono.

- Están ustedes invitados a nuestro próximo concierto, por su hospitalidad.
- No es necesario...
- Qué menos. - Interrumpe.

Todos se despiden del grupo y vuelven a sus sitios, Adrián, en cambio, se acerca a uno de ellos.

- Disfruté muchísimo ayer, de verdad. - Sonríe. - Tenéis futuro. 
- ¿Te gustaría meterte? - Se sorprende. - Estamos empezando con esto, y no nos vendría mal un miembro más en la banda.
- No sé qué decir, no soy de Bilbao, creo que no es buena idea.
- ¿Qué edad tienes?
- Cumplo los dieciocho en cuatro días.
- Pues cuando los cumplas, eso dejará de ser un problema. - Coge la mano de Adrián, y empieza a escribir en ella con un bolígrafo. - Aquí te dejo mi número, piénsatelo, te doy un mes de plazo. 
- Joder - no tiene palabras -, muchas gracias, en serio.

Pasan dos días, y las cosas entre Víctor y Nora empiezan a funcionar mientras que Héctor, después de lo sucedido, decide ignorar cada muestra de cariño en público mirando hacia otra parte, para no volver a estropear nada. Pero para Nora, todo esto no es suficiente. Sigue pensando en el final del campamento, para el que queda una semana. ¿Qué será de ellos? Se afirma a sí misma no haber sentido nada parecido por ningún otro chico, y recuerda que Víctor vive también en un pueblo entre León y Oviedo, como ella. ¿Y si viven más cerca de lo que creen? Decide olvidarlo y dejar que pase el campamento para ver qué se les avecinará después. 

Adrián, tonteó con una chica morena de ojos verdes llamaba Gabriela el día pasado, y hoy ha quedado con ella para dar una vuelta por el campamento después de cenar.

Héctor, sentado en el banco en el que vio por primera vez a Nora y su amigo besándose, aprieta con fuerza las manos contra al banco, impotente. De pronto, alguien coloca su barbilla por encima de sus hombros y le saluda. 

- ¿Quién eres?
- Lo sabes. - Héctor gira su cabeza y se sorprende al reconocer ese pelo rojo y los piercings del labio y la nariz. 
- Ah, tú. 

La pelirroja se sienta a su lado y le pregunta sobre sus pensamientos, Héctor decide mantener la boca cerrada. 

- ¿No me vas a contestar? - Le mira fijamente. - No soporto que me ignoren. - Héctor se pierde en sus ojos marrones maquillados intensamente con una pintura negra. 
- ¿Por qué te maquillas tanto? - La chica ríe, irónicamente.
- ¿Acaso no puedo maquillarme? - Vacila.
- Poder veo que puedes, te pregunto por qué lo haces.
- Veo que lo de ser simpático con la gente no va contigo. - Héctor ve las intenciones de levantarse que tiene Rosa y la sujeta del brazo con fuerza. - ¿Qué haces?
- Era sólo una pregunta, sí que sé ser simpático. - Sonríe.

Comienzan a hablar durante varios minutos, pero Héctor decide evitar según qué temas. 

Al otro lado del campamento, Víctor y Nora están tumbados en la orilla de la cala observando y escuchando las olas romper en las rocas, pasión de ambos. Entre besos, abrazos, y un enorme silencio, Víctor se da cuenta de lo mucho que se ha encariñado de la rubia, 'la chica solitaria' de la que les habló a sus amigos durante los primeros días de campamento. Recuerda la primera semana en la que él decidió acercarse, simplemente por curiosidad; recuerda también la ilusión que le hizo enseñarle su sitio secreto al enterarse de que compartían una afición. En su cabeza pasean recuerdos desordenados, que le hacen sonreír, y le obligan a abrazarla con fuerza. De pronto, una dulce y suave voz interrumpe sus pensamientos.

- Víctor. - Con unos segundos de silencio, los nervios de Nora se autodelatan. - ¿Qué somos? - Piensa. ¿Qué son? Nunca se había planteado esa pregunta.
- No lo sé, ¿qué somos?
- Te lo he preguntado yo antes. - Responde seria.
- Diría que somos dos adolescentes, encariñados el uno por el otro, pasando un verano inolvidable. - Nora baja la mirada, y suspira. - ¿Qué somos, según tú? 
- Lo mismo - miente -, pienso lo mismo.

Víctor le sonríe y besa sus labios, después le comunica que es hora de volver y recogen sus cosas para regresar al campamento. El Sol se esconde entre las montañas, y el cielo coge un tono anaranjado. 

domingo, 12 de mayo de 2013

Capítulo 32.

Adrián sale de la ducha, se viste, y camina hacia su grupo. Comienzan a hablar, y sus amigos notan cómo tontea con todas las chicas. 

- Adri, ¿no te estás pasando un poco? - Ríen. - ¿Y Nuria?

Sitúa su mano tras su cabeza, y finje tener cuernos. Sus amigos empiezan a reírse, y cada uno suelta una broma.

- ¡Adri! - Grita uno. - ¿Te pesa la cabeza?

Todos ríen, él incluido. Las chicas aprovechan el camino libre y empiezan a rivalizarse entre ellas. "Al fin el rubio está libre", piensan. 


- ¿Estás bien? - Pregunta Víctor.
- Sí, un poco mareada, pero ya estoy bien. - Contesta Nora. - Gracias, en serio.
- ¿A qué venías aquí? 
- A buscarte, ¿a qué si no? - Intenta incorporarse y, una vez sentada, sonríe.
- Siento haber sido pesado antes. - Dice Víctor cabizbajo. - No quería agobiarte.
- No. - Borra su sonrisa. - Soy yo la que tendría que pedirte perdón. 
- ¿Por qué?
- Verás... Escuché que ibas a olvidarme enseguida, como a todas. - Víctor intenta interrumpirla, pero la chica no se deja. - Y bueno, por eso me enfadé. Luego Héctor intentó tranquilizarme en el islote, y... - Traga saliva, nerviosa. - Me besó. - Víctor la mira fijamente, y suspira.
- Supongo que era de esperar. - Dice titubeando. 
- Lo siento, Víctor.
- ¿Puedo preguntarte algo? - Nora levanta la cabeza, lo mira fijamente y asiente. - ¿Qué sentiste?
- La respuesta a esa pregunta es la que me ha hecho venir aquí. - Víctor le sonríe. - Hay algo de todo esto que no me gusta...
- ¿Qué es? 
- Que queda poco más de una semana de campamento, y estoy empezando a sentir cosas por ti. - Sus ojos se humedecen. - Y no quiero encariñarme tanto de ti, porque los dos sabemos que no iremos más lejos de este campamento. 
- Nora, si ya sabes el final, ¿por qué no disfrutar de la historia hasta que acabe? 

Sus ojos azules dejan escapar un par de lágrimas, y Víctor la abraza con fuerza, ella suavemente acaricia su nuca y acerca su boca a la de su chico, entreabre sus labios y siguen acercándose hasta encontrarse. Por un momento, permanecen inmóviles, hasta transmitir todos sus sentimientos en un lento e intenso beso. 
Se levantan y vuelven al campamento de la mano. Al llegar, Héctor nota un pinchazo en el pecho y decide no entrometerse más entre su amigo y Nora. 

jueves, 9 de mayo de 2013

Capítulo 31.

Adrián abre la puerta de la caseta, y al ver que su hermana pequeña no está en ella, decide llamar a su novia. 

- ¿Hola? - Contesta una voz grave.
- ¿Nuria? - Pregunta Adri extrañado.
- Em... No, no está, ¿de parte de quién? - Comprueba que el que habla es un chico, y opta por pensar que es sólo un amigo.
- De su novio, Adrián. - Dice casi tartamudeando.
- ¿Novio? - Pregunta entre risas. - Espera, ahora te la paso, que está aquí.

Adrián, asustado, decide colgar. ¿Quién debe ser ese chico? "Un amigo por supuesto que no", piensa. De pronto su móvil comienza a vibrar, y suena American Idiot de Green Day. Deja sonar la canción durante unos segundos, coge aire, y pulsa el botón verde.

- Dime.
- ¿Cariño? - La voz dulce de su novia le tranquiliza.
- Hola. - Contesta aún un poco nervioso.
- ¿Qué tal va todo? 
- Genial, por aquí genial. - Traga saliva, e intenta evitar el temblor de sus piernas. - ¿Y por allí?
- También. - Se escucha una risa. - Me alegro, Adri.
- ¿Puedo preguntarte algo? - Suspira.
- Por poder... - De pronto las risas al otro lado del teléfono cesan.
- ¿Quién me ha cogido el teléfono? - Silencio. - Nuria, no quiero parecer un celoso, ni quiero que pienses que te controlo, pero admite que es un poco raro. 
- Es un amigo. - Contesta seca.
- ¿Quién? No sé, cuéntame algo de él, pensaba que conocía a todos tus amigos, y que tu padre no te dejaba llevar chicos a casa. - La voz le tiembla también.
- Es que... - Se oyen unos susurros. - Mi padre no está en casa. - A Adrián se le humedecen los ojos.
- Nuria, dime la verdad. 
- Es sólo un amigo, ya te lo he dicho. 
- ¿Puedo hablar con él? 
- ¡No! - Dice rápidamente. - O sea, no.
- Nuria, cariño, no me chupo el dedo, por si lo crees. - Dice ya en un tono enfadado. - Si tienes a otro haciéndote compañía, sólo tienes que decírmelo. - Su novia permanece en silencio. - Ya que tienes huevos a hacerlo, ten huevos a contarlo, ¿no? - De pronto suena el pitido que avisa a Adrián de que acaban de colgarle. 
Tira el móvil con fuerza al otro lado de la cama y ahoga toda su rabia en un puñetazo contra la mesa. Sus nudillos se enrojecen y el aprieta sus manos contra su cabeza con fuerza, e intenta evitar gritar. Se tumba en la cama boca arriba y cierra los ojos con fuerza mientras golpea el colchón desesperadamente. Casi dos años a la basura, por un mes separados. "Era de esperar", piensa. De pronto oye su tono de llamada y grita antes de coger.

- ¿Qué coño quieres ahora? - Pregunta gritando.
- Adri, lo siento. - Dice Nuria entre sollozos.
- ¿Que lo sientes? - Ríe irónicamente. - No sientas nada, no importa. 
- Adri... - Cuelga.

Apaga el móvil y decide darse una ducha para relajarse. "Aún me queda más de una semana de campamento, y no pienso perder ni un segundo", se dice a sí mismo. Adrián sabe que muchas chicas de su grupo le miran, y comentan sobre su físico a diario. Aunque no se lo tenga creído, es consciente de que nunca ha pasado desapercibido en estos temas. Abre la puerta del baño, se mete en la ducha, y se adentra en su mundo.


Por otro lado, Nora nada desesperadamente en busca de su chico. De pronto, comienza a marearse. Demasiado esfuerzo para alguien que a duras penas ha comido en lo que lleva de día. Decide pararse para evitar desmayarse, como otras veces, pero sus piernas dejan de responderle, y empieza a asustarse. Grita desconsoladamente pidiendo ayuda, está muy lejos de la orilla y se ve incapaz de llegar ayudándose con los brazos, pero, para su consuelo, ve venir a Víctor a lo lejos. Lo llama con fuerza, e intuye que la ha oído al ver que acelera cada vez más. Nora ve cada vez peor, y le empieza a doler la cabeza como nunca. Por un momento, tiene la sensación de que el cielo se le cae encima, y grita asustada. Víctor la coge de la cintura y, lo más rápido que puede, la acerca a la orilla. La tumba en la arena y la tranquiliza.

- Ya está, Nora. - Le aparta el pelo de la cara. - No puede pasarte nada, ya estás en la playa, conmigo. Tranquilízate. 

Poco a poco deja de hiperventilar y el dolor de cabeza va desapareciendo. Abre los ojos y se alegra al verle allí, con ella.

- Te odio. - Dice jadeando.
- Lo sé. - Víctor le sonríe.

Capítulo 30.

Iván, Santi, Alfonso y Héctor comen tranquilamente en el comedor, hasta que uno de ellos decide hablar.

- Os juro que como se nos estropee el verano por culpa de una tía, os mato.
- No, si yo también. - Dice Alfonso.
- Yo no tengo intenciones de enfadarme con nadie - dice Héctor -, pero no es mi culpa que Víctor no sepa mantener la boca cerrada.
- Eh, que has sido tú el que se ha entrometido entre ellos dos. - Interrumpe Santi. - Te has liado a la novia de un colega, eso no se hace, tío. - Se levanta, y se dirige a su caseta para ver a Víctor.

Tras llegar, se sorprende al ver que no está en ella. Decide ir a la caseta de Nora, por si están hablando allí.


Tocan a la puerta, Nora, dormida, no lo escucha. Santi toca con más fuerza, y más veces, hasta despertarla.

- ¡Qué pesado! - Grita al levantarse. Abre la puerta, y con los ojos como platos, pregunta: - ¿Pasa algo?
- ¿Has visto a Víctor? 
- Mmm... No, por aquí no ha pasado. - Se dispone a cerrar la puerta, y Santi la para con el codo. 
- Nora, sé que habéis discutido, y no ha comido con nosotros y tampoco está en la caseta. - Dice, mirándola fijamente. - Y tampoco creo que haya ido al islote, porque hay gente en la playa y no le dejarían coger las canoas.
- No lo sé, Santi, no sé dónde puede estar. - Le invita a pasar. 


Al otro lado del campamento, Víctor está sentado en una roca de su cala secreta, y decide quitarse la camiseta y los pantalones para meterse mar adentro. Peina su flequillo con los dedos y camina hacia la orilla, hasta poder saltar al agua sin tocar el fondo. Empieza a nadar con todas sus fuerzas, sin parar, y mezclando sus lágrimas con el agua del mar.


- Nora, ¿qué es exactamente lo que ha pasado? - Pregunta Santi.

La chica le cuenta su corta pero intensa historia con Víctor, y termina derramando lágrimas desconsoladamente. Santi la abraza, e intenta animarla.

- Nora, ya que está todo el mundo jugando sucio, creo que deberías ser consciente de que todos los del grupo sabemos lo que ha pasado con Héctor en el islote. 
- ¿Qué? - Grita. - ¿No se puede confiar en nadie, o qué? 
- No, eso es lo que intento darte a entender. - Nora suspira. - Verás, Héctor se ha encariñado de ti y va a hacer todo lo posible para separarte de Víctor, al igual que Víctor hará lo que sea para que él no se os meta por en medio. 
- ¿Y yo qué hago?
- ¿A quién quieres, Nora? - Se quedan mirando fijamente. - La elección es tuya, si a uno le dices que no, dejará de molestar.
- Es que no lo sé... - Cierra los ojos por un momento. - Desde el primer día que vine le cogí cariño a Víctor, pero Héctor me ha llamado la atención desde que le conocí, también. - Traga saliva. - Héctor es especial, y creo que soy la única chica a la que de verdad ha podido acercarse sin perder los nervios. 
- ¿Y en Víctor? - Nora permanece en silencio durante unos segundos. - ¿En Víctor qué has visto?
- Todo. Me trata genial, me mima, me hace reír, me integró en vuestro grupo... - Sonríe. - ¿Sabes? Es la primera vez que vengo a un campamento de verano, y al principio estaba muy asustada, pero me planteé el hecho de conocer a una persona especial, como en todas las películas de verano. Chico conoce a chica, chica conoce a chico, y la mayoría tienen final feliz. - Santi la mira sonriente. - Pues cuando conocí a Víctor, me imaginé una película con él.
- Suena cursi, pero bonito a la vez. - Nora ríe. - ¿Sabes de qué me he dado cuenta? 
- ¿De qué?
- Cuando hablas de Héctor, hablas de él como si fuese un amigo, o tu hermano, pero cuando hablas de Víctor te sale la típica sonrisa tonta que les sale a las chicas en las películas que dices. - Nora intenta disimular dicho gesto, pero no puede evitarlo. - ¿Lo ves? Tu cara cambia cuando piensas en Víctor, en lo que habéis pasado estos últimos días.
- Quizás tengas razón. 
- Además, ¿qué has sentido cuando has besado a Héctor? - Nora borra la sonrisa de su rostro.
- No lo sé, miedo. - Mira a Santi, e intuye que está a punto de decir lo que él quiere oír. - Miedo de que Víctor se enterase, y me mandara a la mierda, como a todas las anteriores. Sé que no soy la chica de su vida, tenemos dieciséis años, no somos más que unos niños, pero no quiero que de aquí a invierno me haya olvidado, quiero que me recuerde como una chica con la que pasó pocos momentos, pero todos increíbles.
- Nora, tienes tu respuesta. 
- Santi, sé dónde está Víctor, o al menos eso creo. - Santi la mira sorprendido y le sonríe.
- Creo que preferirá verte a ti que a mí. - Se levantan rápidamente, y Nora sale corriendo. - ¡Nora! - Se gira sin dejar de correr. - ¡No te cortes! - Ríe, satisfecho consigo mismo, y se dirige a su caseta para descansar. 

Nora se adentra en el bosque y corre sonriente hasta llegar a la rampa de piedras que conduce hasta la cala. La baja rápido pero con cuidado, y busca a su chico con la mirada. Localiza prendas de ropa al lado de la roca en la que se sentaron una vez, y se acerca. "¿Dónde debe estar?" Coge la camiseta, y comprueba que es suya por su olor, segundos después ve los pantalones, y pierde su mirada en el mar. Buscando de lado a lado, ola por ola, no ve persona alguna. 
Permanece quieta durante un instante, y de pronto se quita las sandalias, la camiseta vieja y los pantalones rotos, y comienza a nadar mar adentro. Cada diez metros levanta la cabeza en busca de Víctor, y sigue nadando al no encontrarlo.