El grupo de Nora se encuentra ya en el islote dispuesto a pasar un rato allí, libre, hasta la hora de comer. Héctor y Rosa siguen juntos, hablando de temas muy generales, mientras Víctor y el resto del grupo les observan disimuladamente.
- ¿Puedo confesarte algo? - Pregunta la pelirroja.
- Adelante.
- Verás, cuando estuve con Víctor, creía que eras raro, bastante raro. - Sonríe. - Creo que te juzgué muy raro, eres genial. - Héctor finge una sonrisa, y recuerda los primeros días junto a Nora, ella era la única chica que le conocía a fondo, que le aceptaba tal y como es.
- Creo que voy a ir con mis amigos, me echarán en falta. - Sonrisa forzosa. - Hasta luego.
Rosa, impactada, busca a sus amigas con la mirada hasta localizarlas, y camina cabizbaja hacia ellas creyendo haber metido la pata.
- Hombre, ¡Héctor! - Grita Iván.
- ¿Nueva novia? - Pregunta Santi.
- Qué va. - Cruza una mirada con Nora, y otra con Víctor. - Al menos no de momento.
Tras unos minutos, Héctor tiene una idea arriesgada.
- Víctor, ¿podemos hablar? - Nora mira fijamente a su chico y sonríe, a diferencia de él.
- ¿Para qué?
- Por favor. - Dice Héctor.
Nora aprieta la mano de Víctor pidiéndole que vaya, y acaba cediendo.
Ambos caminan silenciosos hacia el otro lado del islote, cabizbajos y sin sonrisa alguna, hasta que uno de ellos decide romper el hielo.
- Quería pedirte disculpas, - dice Héctor levantando la cabeza. - por todo. Nora me cegó, e intenté quitártela, cosa que no debería haber hecho. Lo sé.
- No sólo intentaste quitármela. - Contesta Víctor enfadado. - La besaste, tío. - Héctor permanece callado. - Y lo peor, no me lo has dicho.
- Era una de las cosas que quería contarte, pero tenía claro que Nora te lo habría comentado antes. - Una lágrima humedece su mejilla izquierda. - Lo siento, no sé qué más decir.
- Has hecho que pierda la confianza que tenía en ti, tío. - Levanta la cabeza y le mira fijamente. - Éramos íntimos.
- Víctor, no quiero hablar de 'éramos'. - Se muerde los labios por unos segundos, intentando evitar soltar más lágrimas. - Quiero arreglar las cosas, que volvamos a ser colegas, que podamos confiar el uno en el otro, que puedas contarme cómo te va con Nora sin miedo a que yo estropee nada. - Víctor intenta interrumpirle, pero Héctor no se deja. - Lo sé, sé que es difícil, pero joder, piénsalo, son años de amistad contra semanas de relación. - Víctor cierra los ojos y suspira, tiene razón, no es el primer campamento que pasan juntos, y sí la primera vez que se pelean así.
- De acuerdo. - Héctor sonríe. - Me va a costar estar como antes, y no quiero garantizarte nada, pero el grupo irá mejor si no hay malos rollos dentro.
Se dan la mano, y seguidamente un fuerte abrazo.
- Si lo arreglan, ¿dejaréis de odiarme? - Pregunta Nora sonriente.
- No, el odio ya es definitivo. - Bromea Santi.
Minutos más tarde llegan Héctor y Víctor al grupo, y todos permanecen callados.
- ¿Y bien...? - Alfonso decide acabar con ese incómodo silencio; Héctor y Víctor se miran serios, y a los tres segundos sonríen, y se abrazan.
- Somos colegas. - Contesta Víctor.
Los chicos se levantan y abrazan a sus dos compañeros, Nora, sonriente, mira fijamente a Héctor y le sonríe, éste le devuelve la sonrisa.
Llega la hora de comer y una apetecible barbacoa les espera en la orilla de la cala.
Mientras tanto, Gabriela y Adrián han ido a dar una vuelta por las afueras del campamento. Con sus manos unidas, caminan sin rumbo alguno sonrientes, hasta que Bella decide parar.
- ¿Qué pasa?
- ¿Cuántos días quedan de campamento? - Pregunta la chica.
- Si no me equivoco, cinco días, ¿por qué?
- Porque no quiero que me falte tiempo. - Adrián, mira confuso a Gabriela.
De pronto, empieza a acercarse a Víctor lentamente, y éste sigue sus pasos; agacha su cabeza, y sujeta con fuerza a la chica por la cadera. Al fin sus bocas se juntan, y ambos cierran los ojos, dejándose llevar por la emoción de los últimos días de campamento, por los últimos momentos juntos, hablando, tonteando, encariñándose. Bella se aleja poco a poco de los labios de Adrián, abre los ojos y sonríe.
- Te prometo cinco días perfectos. - Bromea Adri.
- A ver si consigues que te aguante los cinco. - Vacila.
Los dos ríen y de la mano, deciden caminar hacia el comedor de nuevo.
Papeles mojados.
lunes, 30 de septiembre de 2013
lunes, 29 de julio de 2013
Capítulo 37.
Las cosas entre Víctor y Nora poco a poco son más claras, y la relación más intensa, Héctor y Adrián, en cambio, se encuentran ante dos situaciones diferentes, pero similares al mismo tiempo. Los dos confusos, sin saber qué hacer, ni cómo hacerlo.
A la mañana siguiente, en el desayuno, Adrián se sienta en un rincón junto a Gabriela. Sonrientes, desayunan juntos y se dirigen a los bancos de la parte superior de la cala. Allí, Bella le pregunta acerca de su vida: dónde vive, cómo es su familia, qué pretende estudiar, etc.
- Hice un curso de mecánica, y si soy capaz, me gustaría estudiar eso.
- ¿Tú te ves capaz? - Pregunta ella.
- Sí. Vamos, si me gusta, espero que sólo sea ponerle ganas, esfuerzo y tiempo.
- No tiene mucho secreto.
- Y tú, ¿qué quieres estudiar?
- Yo... No lo tengo muy claro. - Cabizbaja. - Mi padre es médico, y quiere que siga sus pasos, pero mi madre es abogada, y quiere que siga los suyos.
- Son dos caminos completamente diferentes...
- Lo sé, de momento estoy metida en el de la medicina, ya que si cambio de idea será mucho más fácil adaptarme.
Héctor, que no ha ido a desayunar, está encerrado en la caseta sin ganas de salir, pero alguien le obliga a hacerlo.
- Joder, ¿otra vez tú?
- Sí. - La pelirroja sonríe, y entra sin permiso. - Me gustó nuestra charlita de ayer.
- Y a mí, pero ahora tengo sueño, ¿puedes venir en otro momento?
- Es tarde, te hago un favor despertándote.
Héctor se rinde, y con pocas ganas de discutir, se tumba en la cama. Rosa, sentada a su lado, empieza a acariciarle la mejilla y le sonríe.
- ¿Sabes algo de tus amigos?
- No, no he vuelto a hablar con Víctor, y con Nora... poco.
Tras varios minutos hablando, Rosa consigue sacar al chico de la caseta y se dirigen juntos hacia el comedor, para coger algo de desayuno. Héctor ve a Víctor y a su chica sentados en una mesa, riendo, y compartiendo un batido, y un ataque de celos le obliga a coger de la mano a su amiga. Ésta le mira sorprendida, y le sonríe.
- ¿Soy yo o Héctor va de la mano con Rosa? - Pregunta Víctor. Nora se gira, y sorprendida lo confirma. - Qué fuerte.
- Déjales, igual a Rosa le conviene estar con alguien como Héctor.
- En fin.
Terminan de desayunar y deciden ir a saludar a la posible 'nueva parejita' del campamento. Se dirigen a la cala, donde se encuentran al resto de sus compañeros preparando una nueva excursión al islote, con las canoas.
El grupo de Adrián y Bella, se ha adentrado en el bosque en busca de nuevas 'aventuras', mientras ellos permanecen sentados en un banco hablando de sus vidas. Adrián nota cómo Gabriela se le arrima poco a poco, y decide pasar un brazo por su nuca y apoyarla en su pecho. Ella sonríe y le agradece la confianza que éste le transmite. "Quizás Bella es el mejor método para olvidar a Nuria", piensa. Besa con cariño la frente de la chica.
- ¿Te consideras un chico cariñoso? - Pregunta ella al instante. Él ríe.
- Bastante.
- Me gusta.
Sonríen.
A la mañana siguiente, en el desayuno, Adrián se sienta en un rincón junto a Gabriela. Sonrientes, desayunan juntos y se dirigen a los bancos de la parte superior de la cala. Allí, Bella le pregunta acerca de su vida: dónde vive, cómo es su familia, qué pretende estudiar, etc.
- Hice un curso de mecánica, y si soy capaz, me gustaría estudiar eso.
- ¿Tú te ves capaz? - Pregunta ella.
- Sí. Vamos, si me gusta, espero que sólo sea ponerle ganas, esfuerzo y tiempo.
- No tiene mucho secreto.
- Y tú, ¿qué quieres estudiar?
- Yo... No lo tengo muy claro. - Cabizbaja. - Mi padre es médico, y quiere que siga sus pasos, pero mi madre es abogada, y quiere que siga los suyos.
- Son dos caminos completamente diferentes...
- Lo sé, de momento estoy metida en el de la medicina, ya que si cambio de idea será mucho más fácil adaptarme.
Héctor, que no ha ido a desayunar, está encerrado en la caseta sin ganas de salir, pero alguien le obliga a hacerlo.
- Joder, ¿otra vez tú?
- Sí. - La pelirroja sonríe, y entra sin permiso. - Me gustó nuestra charlita de ayer.
- Y a mí, pero ahora tengo sueño, ¿puedes venir en otro momento?
- Es tarde, te hago un favor despertándote.
Héctor se rinde, y con pocas ganas de discutir, se tumba en la cama. Rosa, sentada a su lado, empieza a acariciarle la mejilla y le sonríe.
- ¿Sabes algo de tus amigos?
- No, no he vuelto a hablar con Víctor, y con Nora... poco.
Tras varios minutos hablando, Rosa consigue sacar al chico de la caseta y se dirigen juntos hacia el comedor, para coger algo de desayuno. Héctor ve a Víctor y a su chica sentados en una mesa, riendo, y compartiendo un batido, y un ataque de celos le obliga a coger de la mano a su amiga. Ésta le mira sorprendida, y le sonríe.
- ¿Soy yo o Héctor va de la mano con Rosa? - Pregunta Víctor. Nora se gira, y sorprendida lo confirma. - Qué fuerte.
- Déjales, igual a Rosa le conviene estar con alguien como Héctor.
- En fin.
Terminan de desayunar y deciden ir a saludar a la posible 'nueva parejita' del campamento. Se dirigen a la cala, donde se encuentran al resto de sus compañeros preparando una nueva excursión al islote, con las canoas.
El grupo de Adrián y Bella, se ha adentrado en el bosque en busca de nuevas 'aventuras', mientras ellos permanecen sentados en un banco hablando de sus vidas. Adrián nota cómo Gabriela se le arrima poco a poco, y decide pasar un brazo por su nuca y apoyarla en su pecho. Ella sonríe y le agradece la confianza que éste le transmite. "Quizás Bella es el mejor método para olvidar a Nuria", piensa. Besa con cariño la frente de la chica.
- ¿Te consideras un chico cariñoso? - Pregunta ella al instante. Él ríe.
- Bastante.
- Me gusta.
Sonríen.
sábado, 13 de julio de 2013
Capítulo 36.
Menos de una semana más de campamento y muchas dudas que resolver. Son las nueve y media de la noche y Nora sigue impactada tras la actuación de su hermano esa misma mañana, apenas ha podido concentrarse en las actividades del campamento y ha estado muy ausente con su grupo de amigos. Por otra parte, piensa, gracias a la ruptura de su hermano con Nuria, la relación entre ellos dos ha mejorado en cuestión de horas, Adrián ha tenido la obligación de contarle a su hermana pequeña lo sucedido y eso le ha transmitido cierta confianza a Nora.
Su móvil vibra avisándole de que tiene un nuevo mensaje, es Víctor.
'Sal.'
Nora sonríe, y abre la puerta de su caseta. Como era de esperar, su chico estaba esperándola allí. Lo saluda con un corto pero intenso beso en los labios y le pregunta: "¿Qué haces aquí?"
- ¿Está tu hermano?
- No, ha ido a dar una vuelta con un par de amigas. - Los dos permanecen unos segundos en silencio. - Puedes pasar.
Víctor sube el pequeño escalón que separa la caseta del suelo y se sienta en el cómodo sofá que hay dentro de ella, coloca los pies encima de la mesita y le dice a Nora que le imite. De pronto, Víctor la mira a los ojos.
- Ayer me hiciste una pregunta. - Nora no contesta. - '¿Qué somos?', dijiste. - Asiente. - Quiero hacerte una pregunta parecida a esa.
- Adelante. - Tartamudea.
- Nora, - traga saliva, nervioso - ¿qué quieres que seamos?
La chica, tan confusa como seria, aparta la mirada de Víctor. ¿Qué quiere que sean? No es una pregunta difícil, piensa, está claro que sabe perfectamente lo que quiere, el problema es, ¿cómo decirlo? Nora permanece muda durante un largo minuto, en el que Víctor no hace más que observarla detenidamente, ansioso por una respuesta. "Novios es la palabra", supone, "pero no es la respuesta correcta, ¿pareja, quizás? Tampoco."
- No lo sé. - Miente.
- ¿No?
- Sí. - Víctor ríe ante los nervios de la chica. - Lo sé, pero no sé cómo explicarlo.
- No hace falta que lo expliques.
- Víctor, queda menos de una semana...
- De campamento, lo sé. ¿Pero y qué? Hemos venido aquí a pasar el verano, quién sabe lo que pasará después.
Nora, al fin, consigue explicarle a Víctor lo que siente. El miedo de encariñarse todavía más para luego perderle de vista, las pocas ganas de abandonarle el finalizar el campamento, el no poder volver a escuchar el maravilloso sonido de las olas junto a él, el miedo a crecer, y olvidarse de todo lo pasado. Víctor, a parte de compartir sus miedos, le promete no olvidarla, a pesar de no volver a verla. Le promete acordarse de ella y de lo mucho que han compartido en un mes de campamento y, sobre todo, jura ir a verla en el caso de que se diera la más mínima posibilidad de hacerlo. "Ante todo, somos amigos, no lo dudes", le dice. Nora sonríe y lo abraza.
Por otro lado, Adrián, rodeado de compañeras, intenta olvidar a Nuria y pasárselo bien con el resto de chicas del campamento y disfrutar del poco tiempo que le queda. Lleva días fijándose en Gabriela, la chica morena, de su edad, con la que lleva tonteando un tiempo. Se dirige hacia ella y la saluda sonriente. Bella, le devuelve el saludo tímidamente, y comienzan a hablar sin parar. Al cabo de un rato, Adrián la invita a dar una vuelta y la chica le pregunta por su novia. Decide ser sincero y contarle toda la historia, incluyendo que, como es obvio, todavía siente cosas por ella y está intentando distraerse. Gabriela le mira a los ojos y le promete ayudarle durante estos últimos días de campamento, lo abraza, y tras decirle que ha disfrutado de su larga charla, desaparece.
Héctor, encerrado en su caseta, recibe una visita. Rosa aparece tras su puerta y pasa sin ser invitada.
- Pasa, pasa. - Bromea Héctor.
- Gracias. - La pelirroja se sienta en la cama del chico y lo mira. - ¿Qué?
- ¿Cómo que qué? - Ríe. - No estás sólo en mi caseta, sino que también te instalas en mi cama, ¿a qué vienes?
- Nada, me aburría y me he preguntado, ¿por qué no ir a ver al rarito del campamento? Siempre me has parecido un chico muy interesante, y como que tu amor platónico está ahora con tu amigo...
A Héctor le cambia la cara de inmediato al imaginarse dónde estarán sus dos amigos, y se sienta junto a Rosa. Comienzan a hablar como la última vez, pero adentrándose en temas más privados que el chico había intentado evitar antes.
Su móvil vibra avisándole de que tiene un nuevo mensaje, es Víctor.
'Sal.'
Nora sonríe, y abre la puerta de su caseta. Como era de esperar, su chico estaba esperándola allí. Lo saluda con un corto pero intenso beso en los labios y le pregunta: "¿Qué haces aquí?"
- ¿Está tu hermano?
- No, ha ido a dar una vuelta con un par de amigas. - Los dos permanecen unos segundos en silencio. - Puedes pasar.
Víctor sube el pequeño escalón que separa la caseta del suelo y se sienta en el cómodo sofá que hay dentro de ella, coloca los pies encima de la mesita y le dice a Nora que le imite. De pronto, Víctor la mira a los ojos.
- Ayer me hiciste una pregunta. - Nora no contesta. - '¿Qué somos?', dijiste. - Asiente. - Quiero hacerte una pregunta parecida a esa.
- Adelante. - Tartamudea.
- Nora, - traga saliva, nervioso - ¿qué quieres que seamos?
La chica, tan confusa como seria, aparta la mirada de Víctor. ¿Qué quiere que sean? No es una pregunta difícil, piensa, está claro que sabe perfectamente lo que quiere, el problema es, ¿cómo decirlo? Nora permanece muda durante un largo minuto, en el que Víctor no hace más que observarla detenidamente, ansioso por una respuesta. "Novios es la palabra", supone, "pero no es la respuesta correcta, ¿pareja, quizás? Tampoco."
- No lo sé. - Miente.
- ¿No?
- Sí. - Víctor ríe ante los nervios de la chica. - Lo sé, pero no sé cómo explicarlo.
- No hace falta que lo expliques.
- Víctor, queda menos de una semana...
- De campamento, lo sé. ¿Pero y qué? Hemos venido aquí a pasar el verano, quién sabe lo que pasará después.
Nora, al fin, consigue explicarle a Víctor lo que siente. El miedo de encariñarse todavía más para luego perderle de vista, las pocas ganas de abandonarle el finalizar el campamento, el no poder volver a escuchar el maravilloso sonido de las olas junto a él, el miedo a crecer, y olvidarse de todo lo pasado. Víctor, a parte de compartir sus miedos, le promete no olvidarla, a pesar de no volver a verla. Le promete acordarse de ella y de lo mucho que han compartido en un mes de campamento y, sobre todo, jura ir a verla en el caso de que se diera la más mínima posibilidad de hacerlo. "Ante todo, somos amigos, no lo dudes", le dice. Nora sonríe y lo abraza.
Por otro lado, Adrián, rodeado de compañeras, intenta olvidar a Nuria y pasárselo bien con el resto de chicas del campamento y disfrutar del poco tiempo que le queda. Lleva días fijándose en Gabriela, la chica morena, de su edad, con la que lleva tonteando un tiempo. Se dirige hacia ella y la saluda sonriente. Bella, le devuelve el saludo tímidamente, y comienzan a hablar sin parar. Al cabo de un rato, Adrián la invita a dar una vuelta y la chica le pregunta por su novia. Decide ser sincero y contarle toda la historia, incluyendo que, como es obvio, todavía siente cosas por ella y está intentando distraerse. Gabriela le mira a los ojos y le promete ayudarle durante estos últimos días de campamento, lo abraza, y tras decirle que ha disfrutado de su larga charla, desaparece.
Héctor, encerrado en su caseta, recibe una visita. Rosa aparece tras su puerta y pasa sin ser invitada.
- Pasa, pasa. - Bromea Héctor.
- Gracias. - La pelirroja se sienta en la cama del chico y lo mira. - ¿Qué?
- ¿Cómo que qué? - Ríe. - No estás sólo en mi caseta, sino que también te instalas en mi cama, ¿a qué vienes?
- Nada, me aburría y me he preguntado, ¿por qué no ir a ver al rarito del campamento? Siempre me has parecido un chico muy interesante, y como que tu amor platónico está ahora con tu amigo...
A Héctor le cambia la cara de inmediato al imaginarse dónde estarán sus dos amigos, y se sienta junto a Rosa. Comienzan a hablar como la última vez, pero adentrándose en temas más privados que el chico había intentado evitar antes.
domingo, 2 de junio de 2013
Capítulo 35.
Adrián, pasea por el islote sin rumbo. Ha pasado una mala noche y sus ojeras delatan en quién ha estado pensando. Empieza a subir monte arriba y llega a una enorme roca, y, creyendo que ese sitio es desconocido por el resto del campamento, la escala. Ante él, un acantilado, con unas preciosas vistas y una enorme caída. "¿Dónde estará Nuria ahora?" Se pregunta. Quizás lamentándose lo sucedido, o quizás repitiéndolo. Su corazón y su cabeza comienzan a debatir.
"Tengo ya casi dieciocho años, me queda una vida por delante, no puedo echarlo todo a perder por una chica. Pero son dos años, dos años de relación, tampoco puedo tirarlos a la basura como si de nada se hubiera tratado. Nuria se ha ganado un hueco en mi corazón para el resto de mis días, la primera chica con la que comparto tantos momentos, con la que me siento a gusto durante tanto tiempo, es mi chica. La necesito, la necesito casi tanto como a mi familia, es parte de mí. Pero para ella, ¿qué soy? ¿Si me quisiera de verdad habría pasado todo esto? ¿Por qué lo ha hecho? Quizás me echara de menos, y necesitara a alguien a su lado, pero, ¿por qué fallarme? ¿No podía esperar? Y la verdadera pregunta es, ¿durante cuánto tiempo lo ha estado haciendo? Si lo ha hecho ahora, quizás no sea la primera vez, puede que haya habido otras antes, y yo haya estado como un imbécil detrás suyo. ¿Y si ha pasado eso? Entonces, ¿qué sentido tiene todo? Llegar a casa, ¿para qué? Voy a ser el hazmerreír del pueblo, de mis amigos, y de los suyos. No puedo."
Mira hacia abajo, por un momento se le pasa por la cabeza la idea de cerrar los ojos y dejarse caer, "quizás así se acabe todo", pero se ve incapaz. Incapaz de abandonar a su hermana, a sus padres, a todos los amigos que le han acompañado hasta ahora. Quedan tres días para su cumpleaños, tres días y será mayor de edad. Adrián necesita algo, algo que le empuje hacia un lado de esa roca. Necesita una respuesta de alguien que le indique si hacer marcha atrás o abandonar el islote. De pronto reconoce las voces de sus amigos del campamento, y la de su hermana. Necesita tomar una decisión, ya. Se abraza a sí mismo, nervioso, y cierra con fuerza los ojos.
"¿Cuánto más aguantarás?"
Abre los ojos, y, de pronto, ve a su hermana a pocos metros de él.
- ¡Adrián! - Grita desesperada.
- Nora... - Su hermano da un paso atrás, cada vez más cerca de la caída.
- Adri, no. - Los ojos de Nora se humedecen, y corre sin cuidado alguno hacia él. - Eres imbécil. - Lo abraza, temblando.
Nora sujeta del brazo a su hermano y lo aleja del borde del acantilado.
- ¿Qué pensabas hacer? - Le mira llorando, histérica. - Sabía que eras gilipollas, pero no tanto. ¿Eres consciente de lo que estabas haciendo?
- No. - Adrián, temblando, abraza con fuerzas a su hermana. - Nora, te quiero.
Los dos hermanos, asustados, bajan de la roca, y allí están los otros cuatro chicos, esperando nerviosos.
- Adri, tío, ¿que coño hacías? - Dice uno abrazándolo.
Los otros tres amigos le dan dos palmadas en la espalda y lo acompañan hacia la orilla.
- ¿Cómo has venido?
- Nadando.
- Adri, estás mal de la cabeza. - Dice su hermana. - ¿Qué te ha hecho montar esta película?
- Su novia. - Dice uno de sus amigos. - Bueno, su ex.
- ¿Nuria? - Adrián asiente. - ¿Lo habéis dejado?
- Sí.
El chico le cuenta a su hermana pequeña toda la historia y le dice que no pensaba hacer ninguna tontería, que en todo momento estaba ella en su cabeza, junto a sus padres. Le promete no volver a pegarles ningún susto, y vuelven al campamento. Adrián y Félix, uno de sus amigos, vuelven en la misma canoa.
"Tengo ya casi dieciocho años, me queda una vida por delante, no puedo echarlo todo a perder por una chica. Pero son dos años, dos años de relación, tampoco puedo tirarlos a la basura como si de nada se hubiera tratado. Nuria se ha ganado un hueco en mi corazón para el resto de mis días, la primera chica con la que comparto tantos momentos, con la que me siento a gusto durante tanto tiempo, es mi chica. La necesito, la necesito casi tanto como a mi familia, es parte de mí. Pero para ella, ¿qué soy? ¿Si me quisiera de verdad habría pasado todo esto? ¿Por qué lo ha hecho? Quizás me echara de menos, y necesitara a alguien a su lado, pero, ¿por qué fallarme? ¿No podía esperar? Y la verdadera pregunta es, ¿durante cuánto tiempo lo ha estado haciendo? Si lo ha hecho ahora, quizás no sea la primera vez, puede que haya habido otras antes, y yo haya estado como un imbécil detrás suyo. ¿Y si ha pasado eso? Entonces, ¿qué sentido tiene todo? Llegar a casa, ¿para qué? Voy a ser el hazmerreír del pueblo, de mis amigos, y de los suyos. No puedo."
Mira hacia abajo, por un momento se le pasa por la cabeza la idea de cerrar los ojos y dejarse caer, "quizás así se acabe todo", pero se ve incapaz. Incapaz de abandonar a su hermana, a sus padres, a todos los amigos que le han acompañado hasta ahora. Quedan tres días para su cumpleaños, tres días y será mayor de edad. Adrián necesita algo, algo que le empuje hacia un lado de esa roca. Necesita una respuesta de alguien que le indique si hacer marcha atrás o abandonar el islote. De pronto reconoce las voces de sus amigos del campamento, y la de su hermana. Necesita tomar una decisión, ya. Se abraza a sí mismo, nervioso, y cierra con fuerza los ojos.
"¿Cuánto más aguantarás?"
Abre los ojos, y, de pronto, ve a su hermana a pocos metros de él.
- ¡Adrián! - Grita desesperada.
- Nora... - Su hermano da un paso atrás, cada vez más cerca de la caída.
- Adri, no. - Los ojos de Nora se humedecen, y corre sin cuidado alguno hacia él. - Eres imbécil. - Lo abraza, temblando.
Nora sujeta del brazo a su hermano y lo aleja del borde del acantilado.
- ¿Qué pensabas hacer? - Le mira llorando, histérica. - Sabía que eras gilipollas, pero no tanto. ¿Eres consciente de lo que estabas haciendo?
- No. - Adrián, temblando, abraza con fuerzas a su hermana. - Nora, te quiero.
Los dos hermanos, asustados, bajan de la roca, y allí están los otros cuatro chicos, esperando nerviosos.
- Adri, tío, ¿que coño hacías? - Dice uno abrazándolo.
Los otros tres amigos le dan dos palmadas en la espalda y lo acompañan hacia la orilla.
- ¿Cómo has venido?
- Nadando.
- Adri, estás mal de la cabeza. - Dice su hermana. - ¿Qué te ha hecho montar esta película?
- Su novia. - Dice uno de sus amigos. - Bueno, su ex.
- ¿Nuria? - Adrián asiente. - ¿Lo habéis dejado?
- Sí.
El chico le cuenta a su hermana pequeña toda la historia y le dice que no pensaba hacer ninguna tontería, que en todo momento estaba ella en su cabeza, junto a sus padres. Le promete no volver a pegarles ningún susto, y vuelven al campamento. Adrián y Félix, uno de sus amigos, vuelven en la misma canoa.
sábado, 25 de mayo de 2013
Capítulo 34.
Después de cenar, tanto Nora como todos sus amigos se dirigen a sus casetas para descansar. Quedan sólo seis días de campamento, y Nora ha conseguido tener las cosas claras, como Víctor. Pero todavía hay dos chicos en el campamento con pensamientos rondando por sus cabezas. Adrián, uno de ellos, está sentado en un banco más alejado de las casetas pensando en su ex novia. Hace poco dijo que no le importaba, intentó mentirse a sí mismo pensando que tenía a muchas otras chicas esperándole, y que iba a disfrutar el verano, pero tras varios tonteos con otras se da cuenta de que no es así. Piensa en la posibilidad de arreglar las cosas con Nuria, al llegar a casa, pero luego se imagina un beso con sabor a otro chico. '¿Sería capaz de tocarla, sabiendo que otro lo ha estado haciendo por mí?' Susurra para sí mismo. Cierra los ojos con fuerza y una lágrima se asoma por uno de ellos. Aprieta con fuerza los puños y seguidamente se seca las mejillas con su mano izquierda. Se levanta y decide no dormir en la caseta hoy, camina hacia la playa y se sienta en la orilla donde las pequeñas olas pueden mojar sus pies. Intenta no llorar, pero es imposible. Se quita la camiseta, los pantalones, y comienza a nadar hasta llegar al islote.
Héctor, en cambio, ahoga sus penas en su almohada de manera silenciosa para que su compañero no se de cuenta. Coge una de las dos llaves, unas zapatillas, y sale a dar una vuelta por el campamento. De pronto ve a Nora salir de su caseta y decide seguirla.
Avanza unos cuantos pasos y se da cuenta de que alguien le está siguiendo, tras girar en una esquina ve de reojo que es Héctor quien sigue sus pasos. Camina cada vez más rápido y opta por adentrarse en el bosque.
Héctor, casi corriendo, no aparta su vista de la chica creyendo que no ha sido visto todavía. Se adentra dubitativo entre los inmensos pinos y de pronto pierde a la chica de vista.
Nora, tras un enorme tronco, observa cómo Héctor la busca con la mirada desesperadamente. El chico se sienta en el césped y agacha la cabeza, Nora escucha sus sollozos a pocos metros de él. Se acerca sigilosamente por detrás, y lo abraza.
- ¿Estás bien? - Susurra. Héctor, sorprendido, seca sus lágrimas con rapidez y la observa.
- Sí.
- ¿Por qué me seguías? - Pregunta.
- Esto... - tartamudea - No lo sé. - Traga saliva y mira hacia arriba para evitar llorar. - Lo siento. - Nora le mira fijamente, y Héctor se pierde en sus ojos. - ¿Puedo abrazarte?
Los dos jóvenes se abrazan y todas las penas desaparecen.
- Va, vamos a descansar, que como nos pillen por aquí mañana limpiaremos el comedor, y no me hace ilusión.
- Vale. Por cierto, Nora, me alegro. - La chica le mira extrañada. - Por Víctor y tú, digo, se os ve bien, y os quiero muchísimo, me alegro de que estéis bien.
- Sé que te gustaría que las cosas fueran de otra forma, Héctor, pero no todo sale como uno quiere. - Lo sujeta de la mano. - A pesar de todo, si alguna vez necesitas desahogarte, o necesitas ayuda con algo, no te olvides de que aunque esté con Víctor, tendré siempre un hueco para ti.
- Gracias.
Llegan a sus casetas y cada uno se acuesta en su cama. Nora se sorprende al ver la cama de su hermano todavía vacía, coge el teléfono y lo llama.
Suena American Idiot en la orilla de la playa, y los bolsillos de los pantalones abandonados de Adrián vibran. Mientras tanto, él camina rodeando el islote y abrigándose con los brazos.
Amanece y Nora, al abrir los ojos, intenta ver si su hermano está en la cama. Al no verlo, ignora la ducha, se viste lo más rápido que puede y corre hasta la caseta de Víctor.
- ¡Dios, qué manera de despertarme! - Dice molesto al abrir la puerta.
- Víctor, mi hermano no ha dormido hoy conmigo. - La cara de su chico cambia por completo. - No lo has visto, ¿verdad?
- No, me visto y te ayudo a buscarlo.
- Da igual. - Corre.
Toca la puerta de la caseta de Héctor.
- ¿Qué pasa, que tocas tan bruscamente?
- ¿Has visto a mi hermano?
- No.
- Joder. - Empieza a correr hacia la casa de Rosa, pero al comprobar que está vacía se dirige al comedor.
Visualiza a sus amigos sentados en una mesa y corre hacia ellos.
- Chicos, ¿sabéis algo de Adri?
- Desde ayer no. - Le miran preocupados. - ¿Pasa algo?
- No ha dormido hoy en la caseta, y no es normal en él hacer estas cosas.
Sus amigos se levantan y corren hacia la playa. Allí se encuentra Fer, uno de los monitores, cotilleando los bolsillos de un viejo pantalón lleno de arena.
- ¡Esos pantalones son de mi hermano! - Grita Nora, y al acercarse se los arranca bruscamente de las manos. - Y allí está su camiseta.
- Estará en el islote.
- Chicos, ¿qué está pasando? - Pregunta el monitor. - ¿De quién es todo esto y qué hace aquí?
- De su hermano, y el qué hace aquí estamos por averiguarlo. - Aporta uno de los amigos de Adri.
- Fer, ¿podemos coger unas canoas? Llegaremos antes. - Mira a su monitor con cara de pena, suplicando. - Por favor.
- Vale, pero yo no sé nada de esto. - Sonríe. - Y me mantienes informado.
- Eres el mejor, gracias.
Nora y los cuatro amigos de su hermano se dirigen al baúl de los remos, y después, tras coger cada uno su canoa, se adentran en el mar de camino al islote.
Héctor, en cambio, ahoga sus penas en su almohada de manera silenciosa para que su compañero no se de cuenta. Coge una de las dos llaves, unas zapatillas, y sale a dar una vuelta por el campamento. De pronto ve a Nora salir de su caseta y decide seguirla.
Avanza unos cuantos pasos y se da cuenta de que alguien le está siguiendo, tras girar en una esquina ve de reojo que es Héctor quien sigue sus pasos. Camina cada vez más rápido y opta por adentrarse en el bosque.
Héctor, casi corriendo, no aparta su vista de la chica creyendo que no ha sido visto todavía. Se adentra dubitativo entre los inmensos pinos y de pronto pierde a la chica de vista.
Nora, tras un enorme tronco, observa cómo Héctor la busca con la mirada desesperadamente. El chico se sienta en el césped y agacha la cabeza, Nora escucha sus sollozos a pocos metros de él. Se acerca sigilosamente por detrás, y lo abraza.
- ¿Estás bien? - Susurra. Héctor, sorprendido, seca sus lágrimas con rapidez y la observa.
- Sí.
- ¿Por qué me seguías? - Pregunta.
- Esto... - tartamudea - No lo sé. - Traga saliva y mira hacia arriba para evitar llorar. - Lo siento. - Nora le mira fijamente, y Héctor se pierde en sus ojos. - ¿Puedo abrazarte?
Los dos jóvenes se abrazan y todas las penas desaparecen.
- Va, vamos a descansar, que como nos pillen por aquí mañana limpiaremos el comedor, y no me hace ilusión.
- Vale. Por cierto, Nora, me alegro. - La chica le mira extrañada. - Por Víctor y tú, digo, se os ve bien, y os quiero muchísimo, me alegro de que estéis bien.
- Sé que te gustaría que las cosas fueran de otra forma, Héctor, pero no todo sale como uno quiere. - Lo sujeta de la mano. - A pesar de todo, si alguna vez necesitas desahogarte, o necesitas ayuda con algo, no te olvides de que aunque esté con Víctor, tendré siempre un hueco para ti.
- Gracias.
Llegan a sus casetas y cada uno se acuesta en su cama. Nora se sorprende al ver la cama de su hermano todavía vacía, coge el teléfono y lo llama.
Suena American Idiot en la orilla de la playa, y los bolsillos de los pantalones abandonados de Adrián vibran. Mientras tanto, él camina rodeando el islote y abrigándose con los brazos.
Amanece y Nora, al abrir los ojos, intenta ver si su hermano está en la cama. Al no verlo, ignora la ducha, se viste lo más rápido que puede y corre hasta la caseta de Víctor.
- ¡Dios, qué manera de despertarme! - Dice molesto al abrir la puerta.
- Víctor, mi hermano no ha dormido hoy conmigo. - La cara de su chico cambia por completo. - No lo has visto, ¿verdad?
- No, me visto y te ayudo a buscarlo.
- Da igual. - Corre.
Toca la puerta de la caseta de Héctor.
- ¿Qué pasa, que tocas tan bruscamente?
- ¿Has visto a mi hermano?
- No.
- Joder. - Empieza a correr hacia la casa de Rosa, pero al comprobar que está vacía se dirige al comedor.
Visualiza a sus amigos sentados en una mesa y corre hacia ellos.
- Chicos, ¿sabéis algo de Adri?
- Desde ayer no. - Le miran preocupados. - ¿Pasa algo?
- No ha dormido hoy en la caseta, y no es normal en él hacer estas cosas.
Sus amigos se levantan y corren hacia la playa. Allí se encuentra Fer, uno de los monitores, cotilleando los bolsillos de un viejo pantalón lleno de arena.
- ¡Esos pantalones son de mi hermano! - Grita Nora, y al acercarse se los arranca bruscamente de las manos. - Y allí está su camiseta.
- Estará en el islote.
- Chicos, ¿qué está pasando? - Pregunta el monitor. - ¿De quién es todo esto y qué hace aquí?
- De su hermano, y el qué hace aquí estamos por averiguarlo. - Aporta uno de los amigos de Adri.
- Fer, ¿podemos coger unas canoas? Llegaremos antes. - Mira a su monitor con cara de pena, suplicando. - Por favor.
- Vale, pero yo no sé nada de esto. - Sonríe. - Y me mantienes informado.
- Eres el mejor, gracias.
Nora y los cuatro amigos de su hermano se dirigen al baúl de los remos, y después, tras coger cada uno su canoa, se adentran en el mar de camino al islote.
martes, 21 de mayo de 2013
Capítulo 33.
El director comunica a los monitores que el autobús del grupo de rock está listo para regresar a Bilbao, y todo el campamento va a despedirse de ellos. Su manager, se dirige al director y le entrega un papel con su número de teléfono.
- Están ustedes invitados a nuestro próximo concierto, por su hospitalidad.
- No es necesario...
- Qué menos. - Interrumpe.
Todos se despiden del grupo y vuelven a sus sitios, Adrián, en cambio, se acerca a uno de ellos.
- Disfruté muchísimo ayer, de verdad. - Sonríe. - Tenéis futuro.
- ¿Te gustaría meterte? - Se sorprende. - Estamos empezando con esto, y no nos vendría mal un miembro más en la banda.
- No sé qué decir, no soy de Bilbao, creo que no es buena idea.
- ¿Qué edad tienes?
- Cumplo los dieciocho en cuatro días.
- Pues cuando los cumplas, eso dejará de ser un problema. - Coge la mano de Adrián, y empieza a escribir en ella con un bolígrafo. - Aquí te dejo mi número, piénsatelo, te doy un mes de plazo.
- Joder - no tiene palabras -, muchas gracias, en serio.
Pasan dos días, y las cosas entre Víctor y Nora empiezan a funcionar mientras que Héctor, después de lo sucedido, decide ignorar cada muestra de cariño en público mirando hacia otra parte, para no volver a estropear nada. Pero para Nora, todo esto no es suficiente. Sigue pensando en el final del campamento, para el que queda una semana. ¿Qué será de ellos? Se afirma a sí misma no haber sentido nada parecido por ningún otro chico, y recuerda que Víctor vive también en un pueblo entre León y Oviedo, como ella. ¿Y si viven más cerca de lo que creen? Decide olvidarlo y dejar que pase el campamento para ver qué se les avecinará después.
Adrián, tonteó con una chica morena de ojos verdes llamaba Gabriela el día pasado, y hoy ha quedado con ella para dar una vuelta por el campamento después de cenar.
Héctor, sentado en el banco en el que vio por primera vez a Nora y su amigo besándose, aprieta con fuerza las manos contra al banco, impotente. De pronto, alguien coloca su barbilla por encima de sus hombros y le saluda.
- ¿Quién eres?
- Lo sabes. - Héctor gira su cabeza y se sorprende al reconocer ese pelo rojo y los piercings del labio y la nariz.
- Ah, tú.
La pelirroja se sienta a su lado y le pregunta sobre sus pensamientos, Héctor decide mantener la boca cerrada.
- ¿No me vas a contestar? - Le mira fijamente. - No soporto que me ignoren. - Héctor se pierde en sus ojos marrones maquillados intensamente con una pintura negra.
- ¿Por qué te maquillas tanto? - La chica ríe, irónicamente.
- ¿Acaso no puedo maquillarme? - Vacila.
- Poder veo que puedes, te pregunto por qué lo haces.
- Veo que lo de ser simpático con la gente no va contigo. - Héctor ve las intenciones de levantarse que tiene Rosa y la sujeta del brazo con fuerza. - ¿Qué haces?
- Era sólo una pregunta, sí que sé ser simpático. - Sonríe.
Comienzan a hablar durante varios minutos, pero Héctor decide evitar según qué temas.
Al otro lado del campamento, Víctor y Nora están tumbados en la orilla de la cala observando y escuchando las olas romper en las rocas, pasión de ambos. Entre besos, abrazos, y un enorme silencio, Víctor se da cuenta de lo mucho que se ha encariñado de la rubia, 'la chica solitaria' de la que les habló a sus amigos durante los primeros días de campamento. Recuerda la primera semana en la que él decidió acercarse, simplemente por curiosidad; recuerda también la ilusión que le hizo enseñarle su sitio secreto al enterarse de que compartían una afición. En su cabeza pasean recuerdos desordenados, que le hacen sonreír, y le obligan a abrazarla con fuerza. De pronto, una dulce y suave voz interrumpe sus pensamientos.
- Víctor. - Con unos segundos de silencio, los nervios de Nora se autodelatan. - ¿Qué somos? - Piensa. ¿Qué son? Nunca se había planteado esa pregunta.
- No lo sé, ¿qué somos?
- Te lo he preguntado yo antes. - Responde seria.
- Diría que somos dos adolescentes, encariñados el uno por el otro, pasando un verano inolvidable. - Nora baja la mirada, y suspira. - ¿Qué somos, según tú?
- Lo mismo - miente -, pienso lo mismo.
Víctor le sonríe y besa sus labios, después le comunica que es hora de volver y recogen sus cosas para regresar al campamento. El Sol se esconde entre las montañas, y el cielo coge un tono anaranjado.
- Están ustedes invitados a nuestro próximo concierto, por su hospitalidad.
- No es necesario...
- Qué menos. - Interrumpe.
Todos se despiden del grupo y vuelven a sus sitios, Adrián, en cambio, se acerca a uno de ellos.
- Disfruté muchísimo ayer, de verdad. - Sonríe. - Tenéis futuro.
- ¿Te gustaría meterte? - Se sorprende. - Estamos empezando con esto, y no nos vendría mal un miembro más en la banda.
- No sé qué decir, no soy de Bilbao, creo que no es buena idea.
- ¿Qué edad tienes?
- Cumplo los dieciocho en cuatro días.
- Pues cuando los cumplas, eso dejará de ser un problema. - Coge la mano de Adrián, y empieza a escribir en ella con un bolígrafo. - Aquí te dejo mi número, piénsatelo, te doy un mes de plazo.
- Joder - no tiene palabras -, muchas gracias, en serio.
Pasan dos días, y las cosas entre Víctor y Nora empiezan a funcionar mientras que Héctor, después de lo sucedido, decide ignorar cada muestra de cariño en público mirando hacia otra parte, para no volver a estropear nada. Pero para Nora, todo esto no es suficiente. Sigue pensando en el final del campamento, para el que queda una semana. ¿Qué será de ellos? Se afirma a sí misma no haber sentido nada parecido por ningún otro chico, y recuerda que Víctor vive también en un pueblo entre León y Oviedo, como ella. ¿Y si viven más cerca de lo que creen? Decide olvidarlo y dejar que pase el campamento para ver qué se les avecinará después.
Adrián, tonteó con una chica morena de ojos verdes llamaba Gabriela el día pasado, y hoy ha quedado con ella para dar una vuelta por el campamento después de cenar.
Héctor, sentado en el banco en el que vio por primera vez a Nora y su amigo besándose, aprieta con fuerza las manos contra al banco, impotente. De pronto, alguien coloca su barbilla por encima de sus hombros y le saluda.
- ¿Quién eres?
- Lo sabes. - Héctor gira su cabeza y se sorprende al reconocer ese pelo rojo y los piercings del labio y la nariz.
- Ah, tú.
La pelirroja se sienta a su lado y le pregunta sobre sus pensamientos, Héctor decide mantener la boca cerrada.
- ¿No me vas a contestar? - Le mira fijamente. - No soporto que me ignoren. - Héctor se pierde en sus ojos marrones maquillados intensamente con una pintura negra.
- ¿Por qué te maquillas tanto? - La chica ríe, irónicamente.
- ¿Acaso no puedo maquillarme? - Vacila.
- Poder veo que puedes, te pregunto por qué lo haces.
- Veo que lo de ser simpático con la gente no va contigo. - Héctor ve las intenciones de levantarse que tiene Rosa y la sujeta del brazo con fuerza. - ¿Qué haces?
- Era sólo una pregunta, sí que sé ser simpático. - Sonríe.
Comienzan a hablar durante varios minutos, pero Héctor decide evitar según qué temas.
Al otro lado del campamento, Víctor y Nora están tumbados en la orilla de la cala observando y escuchando las olas romper en las rocas, pasión de ambos. Entre besos, abrazos, y un enorme silencio, Víctor se da cuenta de lo mucho que se ha encariñado de la rubia, 'la chica solitaria' de la que les habló a sus amigos durante los primeros días de campamento. Recuerda la primera semana en la que él decidió acercarse, simplemente por curiosidad; recuerda también la ilusión que le hizo enseñarle su sitio secreto al enterarse de que compartían una afición. En su cabeza pasean recuerdos desordenados, que le hacen sonreír, y le obligan a abrazarla con fuerza. De pronto, una dulce y suave voz interrumpe sus pensamientos.
- Víctor. - Con unos segundos de silencio, los nervios de Nora se autodelatan. - ¿Qué somos? - Piensa. ¿Qué son? Nunca se había planteado esa pregunta.
- No lo sé, ¿qué somos?
- Te lo he preguntado yo antes. - Responde seria.
- Diría que somos dos adolescentes, encariñados el uno por el otro, pasando un verano inolvidable. - Nora baja la mirada, y suspira. - ¿Qué somos, según tú?
- Lo mismo - miente -, pienso lo mismo.
Víctor le sonríe y besa sus labios, después le comunica que es hora de volver y recogen sus cosas para regresar al campamento. El Sol se esconde entre las montañas, y el cielo coge un tono anaranjado.
domingo, 12 de mayo de 2013
Capítulo 32.
Adrián sale de la ducha, se viste, y camina hacia su grupo. Comienzan a hablar, y sus amigos notan cómo tontea con todas las chicas.
- Adri, ¿no te estás pasando un poco? - Ríen. - ¿Y Nuria?
Sitúa su mano tras su cabeza, y finje tener cuernos. Sus amigos empiezan a reírse, y cada uno suelta una broma.
- ¡Adri! - Grita uno. - ¿Te pesa la cabeza?
Todos ríen, él incluido. Las chicas aprovechan el camino libre y empiezan a rivalizarse entre ellas. "Al fin el rubio está libre", piensan.
- ¿Estás bien? - Pregunta Víctor.
- Sí, un poco mareada, pero ya estoy bien. - Contesta Nora. - Gracias, en serio.
- ¿A qué venías aquí?
- A buscarte, ¿a qué si no? - Intenta incorporarse y, una vez sentada, sonríe.
- Siento haber sido pesado antes. - Dice Víctor cabizbajo. - No quería agobiarte.
- No. - Borra su sonrisa. - Soy yo la que tendría que pedirte perdón.
- ¿Por qué?
- Verás... Escuché que ibas a olvidarme enseguida, como a todas. - Víctor intenta interrumpirla, pero la chica no se deja. - Y bueno, por eso me enfadé. Luego Héctor intentó tranquilizarme en el islote, y... - Traga saliva, nerviosa. - Me besó. - Víctor la mira fijamente, y suspira.
- Supongo que era de esperar. - Dice titubeando.
- Lo siento, Víctor.
- ¿Puedo preguntarte algo? - Nora levanta la cabeza, lo mira fijamente y asiente. - ¿Qué sentiste?
- La respuesta a esa pregunta es la que me ha hecho venir aquí. - Víctor le sonríe. - Hay algo de todo esto que no me gusta...
- ¿Qué es?
- Que queda poco más de una semana de campamento, y estoy empezando a sentir cosas por ti. - Sus ojos se humedecen. - Y no quiero encariñarme tanto de ti, porque los dos sabemos que no iremos más lejos de este campamento.
- Nora, si ya sabes el final, ¿por qué no disfrutar de la historia hasta que acabe?
Sus ojos azules dejan escapar un par de lágrimas, y Víctor la abraza con fuerza, ella suavemente acaricia su nuca y acerca su boca a la de su chico, entreabre sus labios y siguen acercándose hasta encontrarse. Por un momento, permanecen inmóviles, hasta transmitir todos sus sentimientos en un lento e intenso beso.
Se levantan y vuelven al campamento de la mano. Al llegar, Héctor nota un pinchazo en el pecho y decide no entrometerse más entre su amigo y Nora.
- Adri, ¿no te estás pasando un poco? - Ríen. - ¿Y Nuria?
Sitúa su mano tras su cabeza, y finje tener cuernos. Sus amigos empiezan a reírse, y cada uno suelta una broma.
- ¡Adri! - Grita uno. - ¿Te pesa la cabeza?
Todos ríen, él incluido. Las chicas aprovechan el camino libre y empiezan a rivalizarse entre ellas. "Al fin el rubio está libre", piensan.
- ¿Estás bien? - Pregunta Víctor.
- Sí, un poco mareada, pero ya estoy bien. - Contesta Nora. - Gracias, en serio.
- ¿A qué venías aquí?
- A buscarte, ¿a qué si no? - Intenta incorporarse y, una vez sentada, sonríe.
- Siento haber sido pesado antes. - Dice Víctor cabizbajo. - No quería agobiarte.
- No. - Borra su sonrisa. - Soy yo la que tendría que pedirte perdón.
- ¿Por qué?
- Verás... Escuché que ibas a olvidarme enseguida, como a todas. - Víctor intenta interrumpirla, pero la chica no se deja. - Y bueno, por eso me enfadé. Luego Héctor intentó tranquilizarme en el islote, y... - Traga saliva, nerviosa. - Me besó. - Víctor la mira fijamente, y suspira.
- Supongo que era de esperar. - Dice titubeando.
- Lo siento, Víctor.
- ¿Puedo preguntarte algo? - Nora levanta la cabeza, lo mira fijamente y asiente. - ¿Qué sentiste?
- La respuesta a esa pregunta es la que me ha hecho venir aquí. - Víctor le sonríe. - Hay algo de todo esto que no me gusta...
- ¿Qué es?
- Que queda poco más de una semana de campamento, y estoy empezando a sentir cosas por ti. - Sus ojos se humedecen. - Y no quiero encariñarme tanto de ti, porque los dos sabemos que no iremos más lejos de este campamento.
- Nora, si ya sabes el final, ¿por qué no disfrutar de la historia hasta que acabe?
Sus ojos azules dejan escapar un par de lágrimas, y Víctor la abraza con fuerza, ella suavemente acaricia su nuca y acerca su boca a la de su chico, entreabre sus labios y siguen acercándose hasta encontrarse. Por un momento, permanecen inmóviles, hasta transmitir todos sus sentimientos en un lento e intenso beso.
Se levantan y vuelven al campamento de la mano. Al llegar, Héctor nota un pinchazo en el pecho y decide no entrometerse más entre su amigo y Nora.
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