domingo, 12 de mayo de 2013

Capítulo 32.

Adrián sale de la ducha, se viste, y camina hacia su grupo. Comienzan a hablar, y sus amigos notan cómo tontea con todas las chicas. 

- Adri, ¿no te estás pasando un poco? - Ríen. - ¿Y Nuria?

Sitúa su mano tras su cabeza, y finje tener cuernos. Sus amigos empiezan a reírse, y cada uno suelta una broma.

- ¡Adri! - Grita uno. - ¿Te pesa la cabeza?

Todos ríen, él incluido. Las chicas aprovechan el camino libre y empiezan a rivalizarse entre ellas. "Al fin el rubio está libre", piensan. 


- ¿Estás bien? - Pregunta Víctor.
- Sí, un poco mareada, pero ya estoy bien. - Contesta Nora. - Gracias, en serio.
- ¿A qué venías aquí? 
- A buscarte, ¿a qué si no? - Intenta incorporarse y, una vez sentada, sonríe.
- Siento haber sido pesado antes. - Dice Víctor cabizbajo. - No quería agobiarte.
- No. - Borra su sonrisa. - Soy yo la que tendría que pedirte perdón. 
- ¿Por qué?
- Verás... Escuché que ibas a olvidarme enseguida, como a todas. - Víctor intenta interrumpirla, pero la chica no se deja. - Y bueno, por eso me enfadé. Luego Héctor intentó tranquilizarme en el islote, y... - Traga saliva, nerviosa. - Me besó. - Víctor la mira fijamente, y suspira.
- Supongo que era de esperar. - Dice titubeando. 
- Lo siento, Víctor.
- ¿Puedo preguntarte algo? - Nora levanta la cabeza, lo mira fijamente y asiente. - ¿Qué sentiste?
- La respuesta a esa pregunta es la que me ha hecho venir aquí. - Víctor le sonríe. - Hay algo de todo esto que no me gusta...
- ¿Qué es? 
- Que queda poco más de una semana de campamento, y estoy empezando a sentir cosas por ti. - Sus ojos se humedecen. - Y no quiero encariñarme tanto de ti, porque los dos sabemos que no iremos más lejos de este campamento. 
- Nora, si ya sabes el final, ¿por qué no disfrutar de la historia hasta que acabe? 

Sus ojos azules dejan escapar un par de lágrimas, y Víctor la abraza con fuerza, ella suavemente acaricia su nuca y acerca su boca a la de su chico, entreabre sus labios y siguen acercándose hasta encontrarse. Por un momento, permanecen inmóviles, hasta transmitir todos sus sentimientos en un lento e intenso beso. 
Se levantan y vuelven al campamento de la mano. Al llegar, Héctor nota un pinchazo en el pecho y decide no entrometerse más entre su amigo y Nora. 

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