Después de cenar, tanto Nora como todos sus amigos se dirigen a sus casetas para descansar. Quedan sólo seis días de campamento, y Nora ha conseguido tener las cosas claras, como Víctor. Pero todavía hay dos chicos en el campamento con pensamientos rondando por sus cabezas. Adrián, uno de ellos, está sentado en un banco más alejado de las casetas pensando en su ex novia. Hace poco dijo que no le importaba, intentó mentirse a sí mismo pensando que tenía a muchas otras chicas esperándole, y que iba a disfrutar el verano, pero tras varios tonteos con otras se da cuenta de que no es así. Piensa en la posibilidad de arreglar las cosas con Nuria, al llegar a casa, pero luego se imagina un beso con sabor a otro chico. '¿Sería capaz de tocarla, sabiendo que otro lo ha estado haciendo por mí?' Susurra para sí mismo. Cierra los ojos con fuerza y una lágrima se asoma por uno de ellos. Aprieta con fuerza los puños y seguidamente se seca las mejillas con su mano izquierda. Se levanta y decide no dormir en la caseta hoy, camina hacia la playa y se sienta en la orilla donde las pequeñas olas pueden mojar sus pies. Intenta no llorar, pero es imposible. Se quita la camiseta, los pantalones, y comienza a nadar hasta llegar al islote.
Héctor, en cambio, ahoga sus penas en su almohada de manera silenciosa para que su compañero no se de cuenta. Coge una de las dos llaves, unas zapatillas, y sale a dar una vuelta por el campamento. De pronto ve a Nora salir de su caseta y decide seguirla.
Avanza unos cuantos pasos y se da cuenta de que alguien le está siguiendo, tras girar en una esquina ve de reojo que es Héctor quien sigue sus pasos. Camina cada vez más rápido y opta por adentrarse en el bosque.
Héctor, casi corriendo, no aparta su vista de la chica creyendo que no ha sido visto todavía. Se adentra dubitativo entre los inmensos pinos y de pronto pierde a la chica de vista.
Nora, tras un enorme tronco, observa cómo Héctor la busca con la mirada desesperadamente. El chico se sienta en el césped y agacha la cabeza, Nora escucha sus sollozos a pocos metros de él. Se acerca sigilosamente por detrás, y lo abraza.
- ¿Estás bien? - Susurra. Héctor, sorprendido, seca sus lágrimas con rapidez y la observa.
- Sí.
- ¿Por qué me seguías? - Pregunta.
- Esto... - tartamudea - No lo sé. - Traga saliva y mira hacia arriba para evitar llorar. - Lo siento. - Nora le mira fijamente, y Héctor se pierde en sus ojos. - ¿Puedo abrazarte?
Los dos jóvenes se abrazan y todas las penas desaparecen.
- Va, vamos a descansar, que como nos pillen por aquí mañana limpiaremos el comedor, y no me hace ilusión.
- Vale. Por cierto, Nora, me alegro. - La chica le mira extrañada. - Por Víctor y tú, digo, se os ve bien, y os quiero muchísimo, me alegro de que estéis bien.
- Sé que te gustaría que las cosas fueran de otra forma, Héctor, pero no todo sale como uno quiere. - Lo sujeta de la mano. - A pesar de todo, si alguna vez necesitas desahogarte, o necesitas ayuda con algo, no te olvides de que aunque esté con Víctor, tendré siempre un hueco para ti.
- Gracias.
Llegan a sus casetas y cada uno se acuesta en su cama. Nora se sorprende al ver la cama de su hermano todavía vacía, coge el teléfono y lo llama.
Suena American Idiot en la orilla de la playa, y los bolsillos de los pantalones abandonados de Adrián vibran. Mientras tanto, él camina rodeando el islote y abrigándose con los brazos.
Amanece y Nora, al abrir los ojos, intenta ver si su hermano está en la cama. Al no verlo, ignora la ducha, se viste lo más rápido que puede y corre hasta la caseta de Víctor.
- ¡Dios, qué manera de despertarme! - Dice molesto al abrir la puerta.
- Víctor, mi hermano no ha dormido hoy conmigo. - La cara de su chico cambia por completo. - No lo has visto, ¿verdad?
- No, me visto y te ayudo a buscarlo.
- Da igual. - Corre.
Toca la puerta de la caseta de Héctor.
- ¿Qué pasa, que tocas tan bruscamente?
- ¿Has visto a mi hermano?
- No.
- Joder. - Empieza a correr hacia la casa de Rosa, pero al comprobar que está vacía se dirige al comedor.
Visualiza a sus amigos sentados en una mesa y corre hacia ellos.
- Chicos, ¿sabéis algo de Adri?
- Desde ayer no. - Le miran preocupados. - ¿Pasa algo?
- No ha dormido hoy en la caseta, y no es normal en él hacer estas cosas.
Sus amigos se levantan y corren hacia la playa. Allí se encuentra Fer, uno de los monitores, cotilleando los bolsillos de un viejo pantalón lleno de arena.
- ¡Esos pantalones son de mi hermano! - Grita Nora, y al acercarse se los arranca bruscamente de las manos. - Y allí está su camiseta.
- Estará en el islote.
- Chicos, ¿qué está pasando? - Pregunta el monitor. - ¿De quién es todo esto y qué hace aquí?
- De su hermano, y el qué hace aquí estamos por averiguarlo. - Aporta uno de los amigos de Adri.
- Fer, ¿podemos coger unas canoas? Llegaremos antes. - Mira a su monitor con cara de pena, suplicando. - Por favor.
- Vale, pero yo no sé nada de esto. - Sonríe. - Y me mantienes informado.
- Eres el mejor, gracias.
Nora y los cuatro amigos de su hermano se dirigen al baúl de los remos, y después, tras coger cada uno su canoa, se adentran en el mar de camino al islote.
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