martes, 21 de mayo de 2013

Capítulo 33.

El director comunica a los monitores que el autobús del grupo de rock está listo para regresar a Bilbao, y todo el campamento va a despedirse de ellos. Su manager, se dirige al director y le entrega un papel con su número de teléfono.

- Están ustedes invitados a nuestro próximo concierto, por su hospitalidad.
- No es necesario...
- Qué menos. - Interrumpe.

Todos se despiden del grupo y vuelven a sus sitios, Adrián, en cambio, se acerca a uno de ellos.

- Disfruté muchísimo ayer, de verdad. - Sonríe. - Tenéis futuro. 
- ¿Te gustaría meterte? - Se sorprende. - Estamos empezando con esto, y no nos vendría mal un miembro más en la banda.
- No sé qué decir, no soy de Bilbao, creo que no es buena idea.
- ¿Qué edad tienes?
- Cumplo los dieciocho en cuatro días.
- Pues cuando los cumplas, eso dejará de ser un problema. - Coge la mano de Adrián, y empieza a escribir en ella con un bolígrafo. - Aquí te dejo mi número, piénsatelo, te doy un mes de plazo. 
- Joder - no tiene palabras -, muchas gracias, en serio.

Pasan dos días, y las cosas entre Víctor y Nora empiezan a funcionar mientras que Héctor, después de lo sucedido, decide ignorar cada muestra de cariño en público mirando hacia otra parte, para no volver a estropear nada. Pero para Nora, todo esto no es suficiente. Sigue pensando en el final del campamento, para el que queda una semana. ¿Qué será de ellos? Se afirma a sí misma no haber sentido nada parecido por ningún otro chico, y recuerda que Víctor vive también en un pueblo entre León y Oviedo, como ella. ¿Y si viven más cerca de lo que creen? Decide olvidarlo y dejar que pase el campamento para ver qué se les avecinará después. 

Adrián, tonteó con una chica morena de ojos verdes llamaba Gabriela el día pasado, y hoy ha quedado con ella para dar una vuelta por el campamento después de cenar.

Héctor, sentado en el banco en el que vio por primera vez a Nora y su amigo besándose, aprieta con fuerza las manos contra al banco, impotente. De pronto, alguien coloca su barbilla por encima de sus hombros y le saluda. 

- ¿Quién eres?
- Lo sabes. - Héctor gira su cabeza y se sorprende al reconocer ese pelo rojo y los piercings del labio y la nariz. 
- Ah, tú. 

La pelirroja se sienta a su lado y le pregunta sobre sus pensamientos, Héctor decide mantener la boca cerrada. 

- ¿No me vas a contestar? - Le mira fijamente. - No soporto que me ignoren. - Héctor se pierde en sus ojos marrones maquillados intensamente con una pintura negra. 
- ¿Por qué te maquillas tanto? - La chica ríe, irónicamente.
- ¿Acaso no puedo maquillarme? - Vacila.
- Poder veo que puedes, te pregunto por qué lo haces.
- Veo que lo de ser simpático con la gente no va contigo. - Héctor ve las intenciones de levantarse que tiene Rosa y la sujeta del brazo con fuerza. - ¿Qué haces?
- Era sólo una pregunta, sí que sé ser simpático. - Sonríe.

Comienzan a hablar durante varios minutos, pero Héctor decide evitar según qué temas. 

Al otro lado del campamento, Víctor y Nora están tumbados en la orilla de la cala observando y escuchando las olas romper en las rocas, pasión de ambos. Entre besos, abrazos, y un enorme silencio, Víctor se da cuenta de lo mucho que se ha encariñado de la rubia, 'la chica solitaria' de la que les habló a sus amigos durante los primeros días de campamento. Recuerda la primera semana en la que él decidió acercarse, simplemente por curiosidad; recuerda también la ilusión que le hizo enseñarle su sitio secreto al enterarse de que compartían una afición. En su cabeza pasean recuerdos desordenados, que le hacen sonreír, y le obligan a abrazarla con fuerza. De pronto, una dulce y suave voz interrumpe sus pensamientos.

- Víctor. - Con unos segundos de silencio, los nervios de Nora se autodelatan. - ¿Qué somos? - Piensa. ¿Qué son? Nunca se había planteado esa pregunta.
- No lo sé, ¿qué somos?
- Te lo he preguntado yo antes. - Responde seria.
- Diría que somos dos adolescentes, encariñados el uno por el otro, pasando un verano inolvidable. - Nora baja la mirada, y suspira. - ¿Qué somos, según tú? 
- Lo mismo - miente -, pienso lo mismo.

Víctor le sonríe y besa sus labios, después le comunica que es hora de volver y recogen sus cosas para regresar al campamento. El Sol se esconde entre las montañas, y el cielo coge un tono anaranjado. 

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