domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 2.

Ha llegado el día. Nora, que era la que aparentemente iba a pasarlo peor, está ilusionada y con ganas de conocer gente nueva, de pasar un buen verano, y de llevarse recuerdos inolvidables. Adri, en cambio, se despidió ayer de Nuria de sus amigos. Con su pandilla fue como si nada, ellos seguro que no cambiarían, que al llegar sería como si ese mes nunca hubiera existido, pero Nuria, con lágrimas en los ojos, le dijo que tenía miedo de que se rompiese aquello que llevaban año y medio construyendo. Adri le prometió que por su parte nada cambiaría, que siempre que pudiera le llamaría, y que cuando volviera todo sería como antes, pero la cara de su novia no era tranquilizante ni mucho menos. 
Después de dos horas y media de coche, llegan a la plaza donde todos los del campamento les esperan. Se ve gente de todas las edades, sonrisas, lágrimas, buenas y malas caras. Niños corriendo, riendo, y gritando. Nora intenta localizar algún conocido, pero como era de esperar, no encuentra ninguno. Ella y su hermano se despiden de sus padres, y bajan del coche. 
Nora nunca ha pasado desapercibida, y Adri tampoco. Son dos hermanos bastante atractivos y parecidos entre sí. Nora tiene un pelo que muchas chicas desearían tener, un rubio surfero y un ondulado natural, unos ojos verdes azulados y una sonrisa preciosa. De todas formas, los chicos de su instituto suelen fijarse en su cuerpo, cosa que a ella le molesta. Su hermano siempre ha estado entre los diez chicos más guapos del insti. Tiene el pelo largo y levantado, y de un color discutible: no llega a ser rubio, pero castaño tampoco encajaría. Sus ojos, más azules imposible, y una sonrisa tan preciosa como la de su hermana. Mide 1'75 metros, estatura perfecta para un abrazo perfecto. 
Tanto chicos como chicas empiezan a mirarles, y a cuchichear. Nora no está dispuesta a aguantarlo, y le dice a su hermano en un tono alto, para que el resto del campamento lo escuche: "Adri, ¿firmamos autógrafos?" Su hermano empieza a reirse, y Nora disfruta viendo las malas caras que ponen algunas chicas, los niños, en cambio, ríen también. Algún que otro comentario, y varios piropos. 
El campamento promete, piensan los dos. 

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