Llevan desde las siete y veinte allí, y desde las 8 menos cuarto tumbados en la orilla. Víctor mira el reloj, ríe al ver que son las ocho y diez.
- ¿Sabes? Llevamos casi media hora así tumbados, y tengo la sensación de que nos hemos colocado así hace cinco minutos.
- A mí me queda poco para dormirme, no había estado tan cómoda antes. - Nora se sienta y estira sus músculos.
Víctor al ver que la chica tiene intenciones de cambiar de posición, se levanta y se agacha para mojar su pelo.
- ¿A qué hora es el desayuno? - Pregunta Nora.
- No hay hora exacta, a las ocho y media o nueve. - Víctor seca su cuerpo con la camiseta y se dirige hacia la sombra de un pequeño árbol. Nora, detrás de él, se pone la camiseta y se sienta a su lado.
De pronto, sale un tema que Nora no esperaba para nada.
- ¿Sabes? El primer día tuve la sensación de que te irías con Héctor. - Boquiabierta, contesta:
- No me he ido con nadie, eh.
Víctor sonríe, le encantan esos venazos de chulería que le pegan a su chica. Y al segundo, lamenta haber pensado así. No es 'su chica', al menos no todavía. Pero, ¿y si llegara a serlo? Llevan sólo dos días conociéndose, y la cosa parece ir cada vez mejor, está convencido de que si hasta ahora no han tenido nada ha sido porque él no ha querido, pero no quiere precipitarse, así que intenta engañarse a sí mismo pensando que quizás Nora le vea sólo como un amigo de confianza, con el que se tiene un cariño distinto al que se le coge a todas las demás personas. Pero no, él sabe que no es así.
- Víctor, ¿vamos yendo?
- Como quieras. - Nora interpreta su respuesta como un 'sí' y se levanta. Coge fuerte la mano de Víctor y lo levanta.
Los dos se dirigen hacia la rampa, y una vez allí comienzan a subirla. Al llegar al campamento se encuentran a una cantidad considerable de gente formando un círculo, e intentan llegar al centro de éste. Víctor se sorprende al ver que están Héctor y el hermano de Rosa.
- ¿Qué estáis haciendo? - Pregunta alarmado Víctor.
- El gilipollas este, que me ha dado un puñetazo, y se lo he devuelto. - Contesta Héctor enfadado.
- ¿Qué ha pasado? - Nora no sabe que el chico es el hermano de Rosa, pero nota cierto parecido entre los dos y lo intuye.
- Vuestro amiguito ha intentado meterse con mi hermana, y todo por tu culpa, así que tú cierra la boca. - Nora se ríe al ver cómo ese pelirrojo tiene intenciones de callarle.
- Yo me callaré cuando me de la gana, y ahora mismo no quiero hacerlo. - Nora se pone entre los dos chicos y mira el ojo hinchado de Héctor. - ¿Estás bien?
- Sí, no te preocupes. - Señala al pelirrojo. - Él está peor.
Nora abre exageradamente los ojos al observar detenidamente los labios del otro chico, que no paran de sangrar. De pronto aparece Rosa entre la multitud de gente, y abraza a su hermano.
- Sois gilipollas. - Grita desesperada.
- Te relajas, que a ti nadie te ha hecho nada. - Grita Nora.
- Cuidado, niñata, aún tendremos problemas tú y yo.
- Mira, pelirroja, que estés celosa de mí no significa que tengas que meter a todos mis amigos de por medio. - Rosa se ríe.
- Pero si no tenéis nada, ¿de qué voy a estar celosa? - Nora sonríe, y mira a Víctor. Lo coge de la camiseta y le besa con fuerza. Mira a Rosa y ríe al ver cómo le ha cambiado la cara de un momento a otro.
- ¿Ahora qué? ¿Quién es la que ha cerrado la boca al final? - Rosa, enfurecida, se lanza hacia Nora y la coge de los pelos.
Nora ríe al ver que no tiene fuerza alguna, es el momento de demostrar que es ella la que manda. Coge a la pelirroja de la camiseta con la mano derecha, y con la otra le sujeta con fuerza el cuello, hasta inmovilizarla. Rosa queda asombrada ante dicho suceso, nunca antes le habían ganado en una pelea.
Nora tumba a la pelirroja en el suelo, y le amenaza:
- No quiero problemas en este campamento, ¿sí? - Rosa asiente. - Si quiero tener algo con Víctor, lo tendré. Si quiero pasármelo bien, lo haré, y no te conviene entrometerte. - La pelirroja, jadeante, ruega que la suelte. - Y ten cuidado conmigo, que soy todo lo contrario a lo que parezco.
Todo el campamento queda callado, y Nora se levanta y se dirige hacia el comedor. Boquiabiertos, algunos van tras ella y otros ayudan a Rosa a levantarse. Es obvio que ya ha dejado claro que no se le puede molestar.
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